Destinos

 

Un matrimonio en tren por Europa. Uno de los medios de transporte más placenteros, fáciles y económicos. Mientras usted descansa en un mullido sillón, y hasta tal vez frente a una pantalla de televisión; el paisaje lo deslumbra ante su ventana. Trenes de alta tecnología serpentean entre villas, bosques, ríos, montañas y lagos, recorriendo distancias en tiempos impensados.

El tren es, en Europa, uno de los medios de transporte más placenteros, además de fácil de usar y económico. Serpentea entre villas, bosques, ríos, montañas y lagos, y el viajero es cómodo testigo de ese impactante paisaje que deslumbra ante la ventana. Por eso, prefiero siempre viajar en tren y no en avión.

Es una lástima que no pueda repetir esa experiencia en Latinoamérica: sería fantástico pasar unas horas sentado en el vagón y ver el camino de Lima a Santiago, o de San Pablo a Buenos Aires. Ojalá algún día suceda como en Europa: trenes de alta tecnología recorren distancias en tiempos impensados, como Madrid-Barcelona, en dos horas y media.

El sonido ultrasónico de afuera contrasta con el interior, donde todo es silencio: los pasajeros leen, trabajan, duermen o conversan en voz baja. Usted descansa en mullidos sillones, con una mesa al frente y hasta tal vez pantalla de televisión. No importa si está en primera o segunda clase; le aseguro que la experiencia es parecida.

En primera clase, los asientos suelen ser reclinables y hay más espacio para el equipaje. También suelen incluir una comida en el boleto. La segunda es más económica y menos espaciosa, ya que hay más asientos por vagón. Si el recorrido que realizará es largo, es recomendable que reserve asientos de primera.

No se preocupe por liberar horas de la agenda antes del viaje; es muy sencillo. Las estaciones de ferrocarril están en el centro de las ciudades, se llega en pocos minutos desde cualquier hotel, no se deben pasar controles de seguridad ni hacer filas: se busca el andén (lo encuentra rápido) y se sube al tren. Eso es todo. Para mejor, los trenes son perfectamente pulcros hasta en sus horarios: parten y llegan a la hora prevista.

Además, al llegar al destino no hay necesidad de esperar por las valijas ni rezar para que no se hayan perdido. Usted toma su equipaje y sale a conocer el nuevo destino. Lo único que puede complicarlo es que su valija sea muy pesada o que usted tenga algún problema físico, y deberá pedirle a alguien que lo ayude a cargarla.

De Bercy a Termini
Con mi señora hemos realizado varias veces el trayecto París-Roma. Se parte de la estación de Bercy a las 19.30 horas y se llega a la estación Termini a las 9.30 del día siguiente. Hay que dormir a bordo y se duerme bien. Los camarotes tienen un espacio aproximado de 1,50 x 2,30 metros, con un sillón que se desarma en dos camas (una encima de la otra), lavatorio, pequeña mesada y parrilla para colocar el equipaje. El baño es el único inconveniente: hay uno cada cinco camarotes.

Como viajamos normalmente a fines de mayo, en ese mes oscurece recién a las 21, por lo que tenemos cerca de dos horas para apreciar el paisaje. Zonas agrícolas, bosques y pueblitos rurales van apareciendo para consumirnos encandilados los minutos.

Hay dos turnos para cenar: 19.45 y 21.45. Generalmente, por costumbres hogareñas, vamos al segundo. Es un menú fijo que cuesta 70 euros pero, más allá del precio o la calidad, lo destacable es el servicio, sin nada que envidiarle a los mejores restaurantes. Uno se sienta y disfruta, y hasta puede tomarse una copa antes de ir a dormir, ya que el vagón incluye un bar. Si tiene ganas de comer en su camarote, no hay problema: puede llevar su propia cena.

A la mañana, la comida va a buscarlo a usted. Le llevan el desayuno a su camarote. Es simple pero gustoso: un café, un corneto y un jugo de naranja de caja. Sin embargo, el mejor ingrediente será el paisaje. Al despertar uno ya está en Italia y la ventana obliga a desperezarse: olivares, pequeñas villas, pastos que destilan luz y caminos que se entrecruzan con las vías.

Más allá del trayecto París-Roma, hay otro que también vale la pena experimentar: Londres-París. Se parte de la remodelada estación de San Pancracio, se hunde en el túnel del canal de la Mancha y se llega un rato después a París. El túnel tiene una extensión de 50 kilómetros, que se recorren en aproximadamente 30 minutos. Simplemente fascinante... como casi todos los viajes en tren por Europa.

 


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